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Utilitarismo por Stuart Mill

February 4, 2012

John Stuart Mill nació en la Inglaterra de la Revolución Industrial, a principios del siglo XIX.  Como pensador político se le sitúa en el “radicalismo filosófico”, tuvo una visión progresista del liberalismo, ya que entre sus temas políticos más destacados se encuentran la libertad y la democracia deliberativa, la emancipación de la mujer y el socialismo, además, defendió el anti-esclavismo y anti-racismo.

No obstante, en este blog  nos interesa exponer de manera amplia las diferentes perspectivas y nociones que han influido en nuestra historia económica.  Así pues, lo que aquí nos motiva son las contribuciones que realizó Stuart Mill a la economía, de esta forma, dejaremos aparcada la teoría política.

Mill como economista es el referente del ricardismo maduro, también acomoda los planteamientos de  Adam Smith en su teoría y a pesar de que criticó a algunos de sus contemporáneos tales como Bentham y Jevons, Mill se mantuvo en el campo clásico de la economía.

Las principales divergencias con otros autores clásicos se centran con respecto al utilitarismo. Según Mill, el comportamiento humano se interpreta principalmente a través de la costumbre y los hábitos de los individuos, además, de un conjunto de sentimientos y, sobretodo, mediante la razón. Caracteres que no se pueden cuantificar con una determinada magnitud,  por lo tanto, la idea de poder realizar un cálculo según el cual incidir en la positividad de una acción, en tanto las consecuencias que tiene para la sociedad resulta poco empirista.

En este sentido, Mill aboga por el poder de la educación a la hora de inculcar a los individuos la idea indisoluble entre la propia felicidad del individuo y el bien de todos. Además,  para formular su principio de máxima felicidad adopta un elemento de la teoría de Smith, concebir a los seres humanos como “animales sociales” para poder comprender como los individuos pueden concebir intereses comunes aun persiguiendo fines personales, abandonado el egoísmo. Según Mill, la felicidad utilitarista no es la de uno mismo, sino la que interesa a todos.

A pesar de las diferencias teóricas entre Mill y otros autores clásicos, podemos clasificarlos en una misma categoría, la de economistas clásicos, debido a que subyacen la idea de que siempre que el resultado de una elección entre una serie de posibilidades sea susceptible de ser medido por una magnitud, el individuo elegirá la alternativa que le reporte más, esto es a lo que se refieren cuando denominan que los agentes económicos son racionales. Racionalidad en el sentido de que si todo se mantiene constante, por ejemplo, los individuos prefieren más riqueza que menos.

Los Essays on some unsettled questions of political economy escrito por Mill es el texto que se convirtió en el texto estándar para la economía durante más de cuarenta años. En esta obra, se perfila la definición que da Mill de economía política según la cual, esta trata de la producción y distribución de la riqueza. Su teoría económica también se ocupa del papel de las instituciones del gobierno, así como también de las tendencias del cambio histórico.

En cuanto al papel del gobierno este resulta importante especialmente en el campo de la distribución, más que en el de producción el cual se rige por las “leyes naturales”.

Nos gustaría resaltar una serie de nociones económicas defendidas por Stuart Mill de manera sintética.

Según el autor que nos ocupa, los precios de mercado dependen de la oferta y la demanda; que coinciden con el precio “natural” cuando la oferta es igual a la demanda, este precio “natural” incluiría las rentas de la tierra y el propio beneficio, esto es la idea fuerza de la teoría del valor de cambio que procede de Smith y Ricardo. Por otro lado, insiste frecuentemente,  tanto cuando quiere explicar el apartado de la producción como cuando se refiere a las tendencias del cambio histórico, en la necesidad de la restricción del crecimiento de la población para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores  Stuart Mill en su contribución al campo económico también intenta analizar sin demasiado éxito la forma en la que viene determinado el salario, el cual vendría de la combinación de dos variables: la cantidad de capital disponible para el mantenimiento de los trabajadores y el número de trabajadores empleados.  Por último, en cuanto a la propiedad privada, esta sería  beneficiosa si se organiza de tal forma que no favoreciese desigualdades excesivas y arbitrarias, esto podría conseguirse mediante el poder que tenga la difusión de la educación o como hemos dicho antes poniendo frenos  al crecimiento de la población (estas dos últimas ideas son recurrentes al pensamiento de Mill).

A modo de conclusión, queríamos matizar que si bien John Stuart Mill es un gran defensor del liberalismo político, afirmación que es válida al analizar los temas que trata y su postura ante ellos, esta no tiene por qué tener una rígida vinculación con la defensa del liberalismo económico. Por lo tanto, el liberalismo político por el que tanto  énfasis Mill suele poner no tiene que llevarnos a la equivocada convicción de que también era un acérrimo defensor  del  laissez faire.  Esta supuesta contradicción entre pensamiento político y económico queda clarificada cuando se exponen sus ideas sobre propiedad privada, como las que acabamos de referenciar.

Miquel Pons

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